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La huida hacia los activos refugio se intensifica a medida que se recrudece la guerra en Irán

Nos adentramos en el segundo mes de la guerra y no observamos signos claros de que se vaya a producir una tregua ni de de que se vaya a reabrir el estrecho de Ormuz

La perspectiva de un conflicto prolongado e incierto ha provocado fuertes caídas en acciones, bonos y la mayoría de las divisas, con la única excepción del dólar. La presión vendedora se aceleró el viernes al cierre del mercado y se extendió durante las primeras horas de la sesión asiática del lunes. Mientras tanto, los precios de la energía se disparan y arrastran al alza al resto de las materias primas, que se convierten en el único activo que se está beneficiando de la situación. Los primeros datos macroeconómicos ya reflejan el impacto del conflicto: mayor inflación y menor crecimiento.

El factor dominante en los mercados sigue siendo, sin duda, la evolución de la guerra. Las declaraciones erráticas de Trump, que recuerdan a aquellas que pronunció en los días previos y posteriores al  “día de la liberación”, tienen cada vez menos influencia en las fluctuaciones diarias de los precios. Aunque sigue siendo prácticamente imposible anticipar el curso del conflicto, esta semana llegarán datos macroeconómicos relevantes que ayudarán a calibrar su impacto real en las principales economías. Destacan, entre otros, los indicadores laborales de marzo en Estados Unidos (culminando con el informe de nóminas no agrícolas del viernes), la encuesta ISM empresarial del miércoles y el dato preliminar de inflación de marzo en la zona euro, que se publicará el martes.

EUR

El euro se depreció la semana pasada a medida que el optimismo sobre una posible desescalada se desvanecía, aunque se mantiene dentro del amplio rango en el que viene cotizando desde el verano pasado. Los PMI mostraron una caída notable, pero, al igual que en Reino Unido, siguen apuntando a un crecimiento modesto incluso después de que las empresas hayan empezado a considerar las posibles ramificaciones económicas del conflicto. A primera vista, el sector manufacturero vuelve a mostrar resiliencia, aunque consideramos que esta será efímera, ya que parece deberse a que las empresas se apresuran a acumular existencias ante las subidas de precios previstas, y no a una auténtica expansión impulsada por la demanda.

Las señales del BCE indican que el banco central no dudará en subir los tipos de interés como respuesta a las presiones inflacionistas derivadas del encarecimiento de la energía. Esta postura restrictiva está ayudando al euro a recuperarse de los mínimos recientes.  Sin embargo, las recientes declaraciones de algunos miembros del Consejo de Gobierno no han dado precisamente luz verde a una subida en abril, y tanto el momento como el alcance de cualquier endurecimiento de la política monetaria siguen siendo una incógnita. El dato preliminar de inflación de esta semana será, por ello, uno de los más importantes de los últimos meses.

USD

La revolución del esquisto, que convirtió a Estados Unidos en exportador neto de energía y puso fin a su dependencia de las importaciones, ha blindado al país frente a la subida de los precios del petróleo y el gas. Esto explica el fortalecimiento generalizado del dólar frente a las principales divisas. Seguimos apostando por una subida del dólar mientras la guerra continúe sin que se vislumbre un final claro. Un pequeño consuelo es que Trump, al menos, parece estar buscando una «vía de salida» relativamente rápida de la guerra. Queda por ver si será capaz de orquestar una desescalada controlada y que pueda presentar razonablemente como una «victoria».

El principal lastre para la moneda estadounidense en estos momentos es la postura relativamente moderada de la Reserva Federal, que parece más reticente que sus homólogos del G-10 a responder con subidas de tipos al repunte energético. Los datos de empleo de esta semana pondrán a prueba esta visión: si, como se espera, muestran una resiliencia notable pese a la guerra, es probable que aumente la presión sobre más miembros del FOMC para endurecer la política monetaria.

GBP

La libra esterlina comienza a acusar el impacto de la guerra. La semana pasada se depreció tanto frente al dólar como frente al euro. Hasta el momento, el principal indicador disponible sobre el efecto del conflicto en la economía británica es el PMI de la semana pasada. Aunque empeoró respecto a febrero, no resultó catastrófico: la economía sigue en expansión y el sector manufacturero registró un sorprendente repunte, aunque este último se debió en parte a la acumulación de existencias ante las posibles interrupciones en el suministro que se avecinan.

Mientras tanto, la intensa ola de ventas de bonos soberanos a nivel global está golpeando con especial dureza al mercado británico de deuda pública. El rendimiento del gilts a 10 años alcanzó la semana pasada su nivel más alto desde 2008. Los temores inflacionistas están plenamente justificados: el Banco de Inglaterra prevé que la inflación al consumo alcance un pico de entre el 3,5 % y el 4 % a finales de año, impulsada por el repunte de los costes energéticos. Esta trayectoria prácticamente descarta nuevas bajadas de tipos en el corto plazo. Sin embargo, no creemos que justifique un endurecimiento agresivo de la política monetaria, teniendo en cuenta la debilidad del mercado laboral británico. Por ello, las tres subidas de tipos que el mercado descuenta para el Banco de Inglaterra en 2026 nos siguen pareciendo excesivas.

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