El reciente estallido del conflicto entre EE. UU., Israel e Irán, denominado "Operación Epic Fury", no es sólo un titular de política internacional; es un choque directo contra los cimientos de la recuperación económica chilena en este 2026. Mientras el Banco Central intentaba anclar la inflación hacia la meta del 3%, el cierre técnico del Estrecho de Ormuz y el salto del petróleo sobre los USD 100 amenazan con desbordar los costos de transporte y energía a nivel local.
Chile enfrenta una paradoja clásica: somos exportadores de cobre, pero "compradores de energía". Si bien un cobre sobre los 6 dólares la onza ayuda a sostener las arcas fiscales, el encarecimiento del dólar —que actúa como refugio ante la incertidumbre— anula gran parte de ese beneficio para el ciudadano común. Un dólar presionado al alza en Santiago significa que cada litro de bencina y cada producto importado nos costará más, justo cuando el consumo interno empezaba a dar señales de vida.
Estamos ante un escenario donde la geopolítica manda sobre la técnica. El éxito de la economía chilena en los próximos meses no dependerá sólo de nuestras políticas internas, sino de cuánto tiempo tarde el mundo en encontrar una salida a este nuevo foco de inestabilidad en Medio Oriente.
