La Reserva Federal, bajo la presidencia de Kevin Warsh, ha mostrado una preocupación por la inflación claramente superior a la que descontaban los mercados, según se desprende de su primera rueda de prensa al frente de la institución.
Casi la mitad de los miembros del FOMC anticipan al menos una subida de tipos de interés en 2026, en línea con las expectativas actuales del mercado. El resultado inmediato fue un repunte de los tipos a corto plazo y una apreciación generalizada del dólar frente a las principales divisas del mundo. El mercado bursátil estadounidense registró cierta volatilidad tras la reunión, aunque recuperó la mayor parte de las pérdidas antes de que terminara la semana. Las monedas de la región del Pacífico obtuvieron un mejor comportamiento relativo, favorecidas por la caída de los precios de la energía tras el anuncio del acuerdo de paz con Irán.
Con las grandes reuniones de bancos centrales ya cerradas, la atención se desplaza esta semana hacia los datos macroeconómicos. El foco principal recaerá en los índices PMI de actividad empresarial - los indicadores adelantados más fiables para medir el impacto del acuerdo de paz en la confianza de las empresas. Estos se publicarán el martes. También será especialmente relevante el dato de inflación PCE de junio en Estados Unidos, dada la renovada prioridad que la Reserva Federal parece otorgar ahora a la estabilidad de precios. Además, seguiremos de cerca las posibles consecuencias para los activos británicos tras la dimisión de Keir Starmer.
CLP
El principal riesgo al que se enfrenta el peso chileno en estos momentos es la posibilidad de que se reduzca el diferencial de tipos entre el BCCh y la Fed a lo largo del año. Tras la reunión de política monetaria de la semana pasada, parece que el BCCh mantendrá los tipos en el futuro próximo dado que él crecimiento permanece débil y la inflación subyacente se proyecta en torno al nivel objetivo.En este sentido, creemos que se priorizarán las condiciones locales ante una eventual subida por parte de la Fed. Los aún elevados precios del cobre deberían proporcionar cierto respaldo al peso en este contexto.
USD
La mejoría de los datos de empleo en Estados Unidos y el aumento de la inflación derivado del conflicto en Irán han acabado con las esperanzas de Donald Trump de que se produzcan recortes de tipos en el corto plazo. En su primera rueda de prensa como presidente la semana pasada, Kevin Warsh dejó claro que la prioridad de la Fed es garantizar la estabilidad de precios. Además, su comunicado eliminó cualquier atisbo de orientación futura, un elemento que Warsh ha criticado reiteradamente en el pasado.
A menos que produzca una sorpresa negativa de gran magnitud, la próxima acción de la Reserva Federal será una subida de tipos, aunque el calendario sigue siendo incierto. La inversión empresarial impulsada por la inteligencia artificial parece estar compensando una demanda de consumo más moderada, pero el repunte del empleo y los efectos riqueza derivados de la subida de las bolsas hacen probable que el consumo se recupere en los próximos meses. Los futuros ya descuentan casi por completo una subida de tipos en septiembre, y el marcado giro hacia una postura más agresiva reflejado en el «dot plot» de la semana pasada sugiere que bastará poco para que la balanza se incline definitivamente en esa dirección.
EUR
Los bonos soberanos a largo plazo de la zona euro reaccionaron al tono hawkish de la Reserva Federal con fuertes caídas, aunque esto no impidió que el euro siguiera perdiendo terreno frente al dólar. Los datos macroeconómicos de la eurozona han mostrado recientemente un giro moderadamente positivo. Este hecho, unido al repunte de la inflación subyacente, proporciona más argumentos a los miembros más restrictivos del BCE, que abogan por una segunda subida de tipos en septiembre. Los índices PMI publicados este martes también son indicativos de que la eurozona está resistiendo a la crisis energética algo mejor de lo que se había estimado incialmente.
El fin del conflicto en Oriente Medio debería resultar favorable para el euro, aunque la moneda única cotiza actualmente en su nivel más bajo desde hace más de un año. Atribuimos esta debilidad, en parte, al daño económico causado por la guerra y, en parte, a la cautela de los inversores que siguen esperando un acuerdo de paz más duradero.
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