
El principal acontecimiento de la semana pasada fue la reunión del Banco Central Europeo, en la que subió los tipos de interés pero sugirió que podría ser la última subida por ahora (en un aparente acuerdo entre los miembros agresivos y los moderados).

La economía de EE.UU. sigue desafiando la recesión mundial, y el dólar se beneficia de ello.

El panorama macroeconómico no cambió mucho la semana pasada. La economía estadounidense y la europea siguen divergiendo: la primera experimenta un crecimiento sólido y una inflación moderada, mientras que en la segunda aumentan los riesgos de estanflación.

La conferencia anual de banqueros centrales de Jackson Hole ha deparado pocas sorpresas. La Reserva Federal está menos convencida de que se ha vencido a la inflación de lo que parecen estarlo los mercados, y es probable que los tipos se mantengan en el 5% o por encima durante un largo periodo.

La inquietante subida de los tipos de interés estadounidenses, sobre todo de los tipos a largo plazo, volvió a lastrar a las divisas europeas y a las de los mercados emergentes.

El empeoramiento de los datos económicos de la eurozona desde luego no han ayudado a la moneda común, pero lo que finalmente terminó de hundir al euro la semana pasada fue una reunión del BCE que resultó sorprendentemente moderada para su política económica.

La dinámica que vivió el mercado la semana pasada pareció corroborar nuestra opinión de que la subida del euro frente al dólar había sido algo excesiva.

La importante y positiva sorpresa en los datos de inflación de junio en Estados Unidos levantó a los mercados ante la perspectiva de que la Reserva Federal está muy cerca de finalizar las subidas.

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Los informes sobre el mercado laboral estadounidense, que culminaron con los datos de las nóminas no agrícolas de junio, resultaron algo menos favorables de lo esperado.

Los destinos favoritos de los españoles, como Estados Unidos y Reino Unido, son este año ligerísimamente más económicos.

Todas las divisas del G10 terminaron la semana pasada con una diferencia de menos del 1% con respecto a donde la habían empezado.
